sábado
viernes
Vidas de santos, vidas de poetas
Volví a las andanzas en este antro.
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Giselle
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jueves
Y usted, ¿de qué se ríe?
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domingo
VII
Da un mordisco en la almohada
como si fuera el hombro de su amante,
-con explícita furia-,
como lo suele despertar de noche
para que él la ame a dentelladas;
muerde las sábanas como si fueran piernas,
músculos en tensión, los peces vivos
de sus brazos, ese animal que pide que lo alivien
de una impaciencia casi atormentada,
araña el colchón frío y es una espalda lisa
sobre la que se tiende
como una planta acuática en la arena.
Un tiro de fusil la vuelve polvo
y no hay dientes ni brazos ni indecencia
en sus ojos, fijos en el cielorraso
y en la pintura que se descascara
como mínimas hojas:
es ángel, monumento, paz perpetua,
un puñado de nieve derritiéndose,
objeto transparente y luminoso.
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Giselle
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VI
Oye otra vez la catarata sorda
así, todas las noches, del momento
que una granada le voló las manos;
zumbido persistente, pesadilla
oscura como el sueño de una ciega.
Así, todas las noches, ella espera
que aquella catarata se congele
como la adolescente desquiciada
que derriba una puerta a puñetazos
o la anciana que busca largamente
el modo de morir sin darse cuenta:
busca una silla frente a la ventana,
el té al amanecer, la luz confusa
para cerrar los ojos.
Pero la catarata no descansa.
Una mañana sale de su cuarto
a la calle y al ruido de los coches,
al estrépito blanco de una iglesia;
es la virgen de velo telaraña,
la mártir de las manos en gangrena,
la del amor que imita a la tortura;
se tapa los oídos, lanza un grito
en el medio del tráfico.
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Giselle
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martes
lunes
V
El universo crece a cada instante
como un vapor maligno; ya no hay orden,
no hay paz, tan solo queda
la belleza sutil de las deformidades,
la imposibilidad de saber cuándo arrepentirse
de lo que se ha callado,
la voz de Heisenberg hablando de lo incierto
en la física cuántica,
el doble comportamiento de la luz,
las cosas que se caen,
la inclinación de todo a detenerse.
Tuerce su trayectoria una bala
y mata a otro, y el culpable se salva;
allí lo imprevisible del amor,
espejo curvo, escalera invertida,
una forma geométrica engañosa
como estar preso en un caleidoscopio.
Todo el fulgor que ves es la ceniza
-a años luz de distancia-
de alguna estrella muerta
que explota por su propia gravedad.
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miércoles
IV
nunca. Es demasiado el riesgo,
y no hay gloria ninguna en hallar algo:
sólo se ve la sangre, ligamentos,
puntos ciegos, conos de luz y sombra,
maquinarias exactas.
No hay que mirar adentro de los ojos
nunca: puede cosérsete el horror del cielo
de ojo a ojo, grabarse
como aguafuerte en una piedra negra.
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domingo
III
como amazona pálida y suicida?
Tu desnudez te vuelve inquebrantable
y sin embargo esclava,
inmensa y frágil como un acantilado,
blanquísima, veloz, contra la fronda oscura.
Vas a caballo de cualquier deseo
que pueda abandonarte entre los árboles,
arquear el lomo y arrojarte al agua,
pero el deseo no existe:
es como un rastro en el estiércol húmedo,
un caballo que pasa, una amazona
de pelo fuego frío,
unos ojos de tísica,
unas mejillas con aroma a fiebre.
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viernes
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miércoles
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domingo
PRO
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miércoles
Sobre la violencia
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domingo
Cerrado -no sé por cuánto-
¿SON TODOS FELICES?
El honor de vivir con honor gloriosamente,
El patriotismo hacia la patria sin nombre,
El sacrificio, el deber de labios amarillos,
No valen un hierro devorando
Poco a poco algún cuerpo triste a causa de ellos mismos.
Abajo pues la virtud, el orden, la miseria;
Abajo todo, todo, excepto la derrota,
Derrota hasta los dientes, hasta ese espacio helado
De una cabeza abierta en dos a través de soledades,
Sabiendo nada más que vivir es estar a solas con la muerte.
Ni siquiera esperar ese pájaro con brazos de mujer,
Con voz de hombre, oscurecida deliciosamente,
Porque un pájaro, aunque sea enamorado,
No merece aguardarle, como cualquier monarca
Aguarda que las torres maduren hasta frutos podridos.
Gritemos sólo,
Gritemos a un ala enteramente,
Para hundir tantos cielos,
Tocando entonces soledades con mano disecada.
*
Luis Cernuda, Donde habite el olvido.
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Giselle
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martes
Bordes
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Giselle
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